domingo, 31 de marzo de 2019

Mogor








Arrodillado sobre la tierra húmeda, su tosco buril cincela la roca. De cuando en vez vuelve la cabeza, escruta febril los bancales de niebla que, empreñados de siluetas informes, ocultan la ribera opuesta.
Días, mareas, linajes pasan. Sólo los trazos grabados en el granito permanecen, regenerados por la erosión. Dentro del laberinto –donde apenas importa sístole o diástole, pleamar o bajamar- la geometría queda derogada por la vida.

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