domingo, 30 de julio de 2017

Origami




La reina de corazones
quedamente
en su oído
musitó: "Ya nunca
serás feliz".

Nadie parecía sorprendido.
Comadreja plegaba sombras.
Bajo el alba una alondra
dibuja vuelos de guillotina.

Procurad no hacer ruido.




domingo, 26 de marzo de 2017

Friedrich




                                                 "Temo que no podamos desembarazarnos de Dios, pues
                                                                    seguimos creyendo en la gramática”
                                                                                   (Nietzsche)

Recordaba bien aquella mañana en la torre. En su bondad, el invierno y la nieve habían destituido la variedad. Ningún rasgo agitaría ahora su memoria. La blanca página frente a su ventana, salpicada apenas por volátiles comas desvanecidas en un horizonte difuso, constituiría en adelante su único pergamino. Era preciso desalentar el orden inconexo de las frases, anular la sintaxis del pasado, imponer silencio en el caos.
Sí, también entonces parecía fácil.

Había sido ya tantos. Un niño: en primavera vislumbraba desde la azotea un pavoroso vacío azul surcado por golondrinas, recelaba de que cielo y horas continuasen siempre, siempre, husmeaba el miedo a que para siempre se acabasen. Debo labrar mi propio huerto. Abrazar un caballo lacerado por un cochero, retornar, callar. Tantos he sido, y ninguno yo.

¿Tan cansados están los hombres de mí?

Hermano del alma, Scardanelli, cobíjame. No sea que nunca haya de terminar este viaje.
No sea que mañana nunca escampe.
Secos los ojos, el terror inunda mi corazón.


Reciclaje: Santuario




                                        ¿Tan cansados están los hombres de mí?
                                                               (Carta de Hölderlin a su hermano)

                                                                                                                         

Pues se sabe triste
cree conveniente
mantenerse activo. Sobre todo si,
como en esta festiva tarde,
mirando a lo alto divisa
el globo que, para regocijo
de la multitud,
hace horas
estalló, cuyos restos
aún flotan
entre la ciudad y las pasajeras nubes.
Mantenerse, se repite, activo,
para que el pensamiento
por la visión seducido
no se remonte, inconsciente,
e incapaz
de aferrarse
a los enlonados despojos
se eleve al lugar aquél
donde el cielo azul no es ya azul cielo
donde todas las formas son ninguna
excepto aquella que todo lo informa.

Se recluye así en su torre,
de la eternidad y los hombres a salvo,
recortando luminosas estrellas
que, colgadas del techo,
protegerán sus noches.