viernes, 18 de febrero de 2011

Beulah




Una voz te ha dicho: tiñe
en alborozo el luto
pues llegado es el día vespertino.
Torna en semilla los estigmas
olvidado el orto del mañana.
Cierra bien los ojos
pues en hierba y tierra amaneces.
Regocíjate.
Sea helecho tu cabello.
Regocíjate.
Haz del silencio la última palabra.



sábado, 12 de febrero de 2011

Corrección


                                                           "Cuánto más conozco a los hombres, más aprecio a Calamardo"
                                                                                        Lord Sponge



Se sentó ante la mesa y escribió: “El problema no es saber que estás malgastando tu vida, sino la soterrada convicción de que no cometiste error alguno, ni existía otro camino más pleno, pues por fas o por nefás siempre se acaba en No Volverás”. Paradójicamente, esta constatación le proporcionó una extraña fuerza. Contempló el mundo con su penetrante mirada, nada podía afectarle. Fue a tomarse unas cañas.

Dos días después se sentó ante la mesa y escribió: “Se sentó ante la mesa y escribió: el problema no es haber malgastado tu vida, sino el vago sentimiento de que nada había que malgastar. Sí, tu vida pudo ser otra, si otra hubiera sido. Mas por fas o por nefás –suspiró- siempre se arriba a Nunca Jamás”. Paradójicamente, esta constatación le proporcionó una extraña fuerza.





martes, 8 de febrero de 2011

Nausícaa




Cuando duerme
abraza las sábanas como si fueran tierra.
A la ventisca suplica, a los albinos copos,
tapadme, tapadme, bonitos.
Con una capa de hielo, queridos míos.
Sus bucles raíces sobre la almohada
en silenciosas lagunas
bucea con topos negros.
Juegan a hacer el muerto
vueltos hacia el techo
la tripita y los ojos ciegos.

Me mintió. Si las palabras cambian, dijo,
el sentimiento permanece, inalterable.
Era incierto. Nada sobrevive, al cabo.
Vestida me arrojo a la marea,
mis cabellos con limo perfumados.
Quizás hoy jamás llueva.





miércoles, 2 de febrero de 2011

Un degollador




Al detenerme preguntaron el porqué de mis actos, la oscura maldición que sin duda los guiaba. Callé. Así, cuando me ofrecieron trabajar al servicio del señor, con buena paga y buen alcohol, ¿qué podía decir?: “Soy una persona melancólica, un hombre sencillo que busca el sol sin despreciar la lluvia. Amo las flores rojas entre el trigo. Siempre camino, siempre; mi tristeza es que las tortas de maíz no bastan para satisfacerme, ni el agua calma mi sed. Rechazo vuestra oferta.”. Se hubieran burlado, mi cuerpo pendería de una rama. Acepté en silencio.

Ahora, con la buena alimentación, he perdido el gusto del cuchillo. A veces matamos campesinos, otras pobres locos, locos pobres. Castigo divino, mascullan. Finjo ferocidad, procuro rezagarme. Pero, aunque eche de menos aquella afilada alegría, aquellas mañanas caprichosas, sé que obré en la única forma posible.

Nunca aceptarían que degollar, para mí, fuese sólo una afición.




martes, 1 de febrero de 2011

Lento es el pálpito


      Duerme y observa.
Nada se olvida.

Nunca es la vida
culpa de nadie.
No es responsable la semilla, no lo son
el feroz ni el humillado
el cuarzo creciendo insomne
la bruma por el alba estrangulada
el aire
el peso
la pupila atrapada en la memoria.

Corazón, cabello, hilacha, aliento.

Despierta y olvida. Todo es murmullo.