viernes, 24 de diciembre de 2010

Vacaguaré

                         “Cual las generaciones de las hojas, así las generaciones de los hombres"    Homero     
                                                                             
                                                                         "La vida es rara en fondo de Bikini"    Bob Esponja                      


           

Los pecios abandonados se pueblan de limo,

tibio y salino
discurre el día
en el mar de los Sargazos.
Nunca sus moradores
dioses conocieron, el verbo y la expiación
en fotosíntesis transfigurados.
Sólo las anguilas
al vaivén de las generaciones dispuestas
agitan el rumor de las silentes algas.

No esperes, aun entregado a la corriente,
que su curso
te devuelva allí.
Ese aroma por el viento sugerido
apenas es
el olor del aire.



 


jueves, 23 de diciembre de 2010

Reciclajes

En la divinidad el olvido

He aquí el gran misterio del corazón de huesos
de Pan el enigma
cuando la noche húmeda
su roja lengua desvela
susurrando: ¿por qué no te atreves?


Belladonna

Nuestra señora de las tinieblas
acúname en el olvido.
Permite que en mi sueño sea helecho tu cabello
toda humana tristeza ausente.
Miente, tórnate inane limo, no reveles
la frágil condición
que con nosotros compartes.
Bella dama sin piedad, mi señora,
acúname en tu regazo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Cortacabezas

Harto de vivir en un corazón alquilado, cansado de emociones y pensamientos, con un tajo quiso alcanzar la libertad: decapitó al miedo, rebanó el cuello a la tristeza, tiñó en sangre la alegría.

Y fue desde entonces llamado Cortacabezas.

Errabundo entre ventiscas y calina, indiferente vagó. Medrosas bajo la sombra del viajero, tras su paso renacían al bullicio las ciudades. Ausencia tejían en su espalda las estaciones.

Así llegó al mar Cortacabezas. Así murió. Meditativo por vez primera, imaginó el tiempo fluyente entre las aguas, la vida lenta y ajena del coral, madréporas al temor extrañas. Herrumbrosas estatuas coagularon su memoria.

Muerto Cortacabezas, la rutina al hombre devolvió sus rasgos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Barahúnda por Ramón Caamaño




                                                                     “ Porque sueño no estoy loco”  Léolo



                                                                                

     Supongo que todavía lo quería. No es que su rostro denote una pena enorme, o muestre señales de arrobamiento. Madre no era así. Pero su mano se aferra firmemente a la silla del ausente, y los ojos, inalterados por el fogonazo, miran con intensidad al objetivo, más allá del mar, de las tormentas, de los inviernos, lo miran a él para que sepa que lo recuerda, lo miran preguntando francos, sin súplica ni reproche, si la recuerda. Sí, creo que aún lo quería. Sólo después, quizá al año siguiente, quizá apenas apagada la luz de aquella sesión, recostada con cansancio y desidia sobre el telón de ficticias frondas, comenzó a mirar al fotógrafo, y en su rostro vio los rasgos de otros que vendrían. Mientras tanto yo, agazapado en su vientre, inexistente incluso para ella, seguía recordando a mi padre.

     Pues aquel marino lo fue, sin duda ¿Quién si no? ¿O creeréis, acaso, que fui engendrado por el hálito de un viajante? La sangre de mi parto fluye aún junto a la ribera. Desde entonces he caminado, he caminado. Sé distinguir las señales del cielo, las cruces pétreas, los espíritus que habitan el humo del café. Distingo bajo el fragor del deshielo las cópulas de lamias y ahogados. Creo saber. Pero sólo sueño, sueño un relato lejano y familiar. Madrépora de  sal, siseo de algodón en el cuello, murmullo de las medusas: moraste donde nosotras, nunca te atreverás a volver. Sí, creo que, verdaderamente, estuve allí. Creo que no quiero volver. Y sin embargo sólo sueño: sueño en algo que a la deriva flota y me llama. Y en mi sueño creo que no debí nacer.

 
     Rojo de barro como el día primero, persigo la voz de madre pronunciando su nombre desconocido.

domingo, 19 de diciembre de 2010

MOINANTES

Moinante

Creces en mi recuerdo.
Vives aún.
El pan de mi pecho te alimenta.

Sombra de nubes sobre las colinas, los días me abandonan.
La hora fue desfavorable,
se ha cruzado, en mi camino, el infortunio.
Poco importa: el ejercicio del resentimiento
basta para colmar un corazón.
Cual la pérdida será el castigo: medida por medida,
afila el tiempo la cuchilla.
Sosegado acecho entre los robles.
No soy un loco, ni piedad espero.
Mis actos repulsivos, mis vilezas,
obedecen a designios superiores.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Reciclajes

No room
                                            
                                     ¡No hay sitio! ¡No hay sitio! exclamaron al ver  
                                                 acercarse a Alicia.
                                               
                                                 

Ahí fuera, titubeando ante la puerta, está el silencio.
Viene a verte con una carta entre sus dientes.




Restos de claridad


Entonces la angustia se hizo habitación.
Sólo la cortina mantuvo el tipo: “anda, vete de juerga”,
dijo, palmeando mi espalda
sin ocultar una sonrisa.
Siempre ha sostenido que soy un payaso.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Metamorfosis del hombre minino


                                             Pangur, mi gato blanco, tiene un arte,
                                                         y yo poseo el mío.
                                                         Para cazar ratones él aguza su ingenio:
                                                         yo lo aguzo en mi oficio.


Admiraba de mi buen Bangor su felina lasitud, el desapego moral, la indiferencia afectiva. Hastiado de hábitos y conciencia, no dudé en acometer impía transmutación. Caviloso, entre fideos deposité los emblemas rezumantes de mi arte, los esponjosos genitales, el pulmón anegado en cafeína. Barquito de pan ensopé el corazón. Fue entonces cuando lo llamé, del destino ignorante: “caldo de tristeza y menudillos, minino”. Al salir de casa me tendí sobre su estera cubierta de pelos, lamí el platillo, devoré las raspas.
Siento algo de pena al contemplarlo en su estado actual, agitado el sueño, hinchada la panza de cerveza. Algunas tardes, arropado en mi vieja bata, hojea con aparente interés viejos panfletos esotéricos, persiguiendo tal vez en su incipiente humanidad algún húmedo noúmeno que ofrezca sentido a su transformación. Pronto conocerá la ginebra. Lágrimas temblorosas espumean sus bigotes. Mala suerte, mi triste Bangor. Hecho lo hecho está.
Yo, entretanto, vivo descuidado por las calles, recostado contra paredes que orino cuidadosamente para hacerme reconocer. Los domingos, cuando me cuelo en algún partido, ronroneo frotándome contra las medias de las estudiantes. Bebo leche, como ratones, defeco vida.
Terrosa y sin pastillas transcurre la noche.
Abstraída pasta en mi pelo
la población láctea de las estrellas.

lunes, 13 de diciembre de 2010

De la zozobra

    Un viajante

            
Vestidos azules en el parque de los pensamientos, dalias sobre el corazón, mis esperanzas no han fructificado.
            No desprecio a la gente con la que trato, no me desprecio. Si puedo parecer insatisfecho se debe sólo a que, en ocasiones, cuando marcho de una ciudad a otra, despierto entumecido en un vagón de ferrocarril, agrietados los labios, y siento como si ahí fuera, desdibujados entre la lluvia y el reflejo inestable de mi rostro en el cristal, los árboles enviaran señales prodigiosas que no consigo descifrar.



Contra Van Helsing

Cuidado con los buenos.
No sea que el apacible monstruo del lago
al atardecer
se convierta en cisne.
De afilados colmillos cisne.
Titubeante, hambriento cisne.
No vaya a ser
que en un descuido
nos atraviese una estaca el corazón.

jueves, 9 de diciembre de 2010

            Hibernia

Del cristal orfebre, invierno
bajo los febriles párpados una imagen teje,
ex-libris salino,
escarcha pueril de la memoria.
Con el deshielo me anegarán tus arroyos.

Sigue doliendo, aliento.
Sangra, vida.

Don de lenguas

La difusión de la materia de Bretaña en los reinos ibéricos del Norte se debió –es cosa sabida- a los relatos narrados por peregrinos que afluían a Santiago remontando el Camino francés. La transmisión oral hubiera resultado imposible, no obstante, sin la concesión al Camino de cierto portentoso don que permitía a los viajeros entender en su propia lengua las palabras pronunciadas por cualquier compañero, de manera que hombres y, por qué no, bestias, mecían su alma atribulada con los viejos relatos celtas transmutados en piadosas demandas. Tal vez no otra era la intención del Señor al suspender a un tiempo la incredulidad y la confusión babélica; pues, es cosa sabida, Merlín es peligroso rival, y no existe dios más celoso que Dios.

                                                   

                                                                                          “El camino tenía don de lenguas”  (Alvaro Cunqueiro)
    
                  Restaban pocas jornadas, estaba cansado. Hubiera preferido callar, contemplar aquellas llamas cuyo crepitar tal vez bastara para evocar la historia, adormecerse en un sueño de lejanas campanas. Pero entonces, perdido en el silencio de la mirada, el prodigio no se hubiera manifestado, era preciso

                dar palabras a la imagen, narrar a los otros -los desazonados viajeros, los perros absortos a la lumbre, las criaturas ocultas en la fraga- el rumor de la gesta lejana. Así, convocados por su voz entre las brasas, jinetes de herrumbroso atavío cid dia tanaic si umbrías frondas atravesaban, quebrado por sus pasos el laberinto de silvas, graznar de cuervos su espada acuciando. Así, postrado de hinojos sobre el hiriente brezo o perdido en la escarcha de su memoria, en voyant la noirceur du corbeau, la blancheur de la neige, la rougeur du sang, jamás olvidaba el caballero la promesa empeñada, el destino, la demanda. Y la lluvia atraída por el fuego allí se remansaba, anegada en dolor por Amor derrotado, Peredur songea à la chevelure de la femme qu’il aimait le plus, aussi noire que le corbeau, à sa peau aussi blanche que la neige, mientras los peregrinos absortos escuchaban las desconocidas, cristalinas palabras, el diáfano verbo ronco, para más tarde a otros relatar, junto a la luz de otras hogueras

                o conto do Perceval repousado nos felgos,
                pola brétema branca arrolado.
                     

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Karma

            

“No tengo ganas de nacer”,
apunta en su diario, mientras inconsciente sorbe
la sangre que a la consciencia lo condena. “Estoy bien aquí,
acurrucado, somnoliento,
limpias estas manitas
de todo cometido infame”. Distraídas las horas pasan
entre las grumosas nubes del limbo.
Obcecado se aferra a su pulgar.
“¿Por qué habría de agrietarme a a la intemperie?
Nadie es el nombre que me gusta a mí”.
Pero intuye lo irremediable: la luz del día despunta
el pasado acaba de iniciarse
papá y mamá van a quererte mucho.

RECICLAJES

Amanuense

           Cuando llega a casa anota: si fuera una seca cabecita, con amor trabajada por un victorioso guerrero, reposando en el museo tras una vitrina de bordes sellados, al menos tendría
          guardada en los ojos aquella sombra verde, susurros entre las lianas, el roce pertinaz de la navaja en el recuerdo. Mi rostro sería contemplado por aburridos grupos de niños y niñas con ropas esmeradas, que al escuchar aquella historia de exaltación y muerte, sentirían tal vez la misma suave inquietud que en otros tiempos me poseyera, y quizás
          al volver a casa
          alegremente jugarían
          con el hermanito pequeño y la cuchilla de papá.
          Sí, puedo imaginar
          el leve balanceo del barco rumbo a Melanesia.

          Luego, tras una cena caliente, arrebujado en la cama, a su taza de café susurra, a su ventana, a sus cortinas: hombres salvajes,
          hombres salvajes,
          en mi corazón encended vuestras hogueras.








La senda escondida

La agonía del elefante resulta grotesca.
El sentido del ridículo inherente a esta especie
motiva, en consecuencia, que encaminen sus pasos
hacia valles apenas existentes,
entintados pliegues de un mapa desleído
sólo por el gran Tarmangani hollado.

En sus últimos días, Moby Dick
mojaba las sábanas con blancas lágrimas de esperma.

Hoy sabemos
que la red submarina de cementerios de ballenas
comunica, mediante intrincados pasadizos,
los osarios del marfil y la memoria..
Así se explica ese extraño espectáculo,
cuando un paquidermo moribundo
surge entre las aguas, acerca
sus pasos vacilantes
hasta la toalla donde nos dejamos tostar por el sol
y con los ojos turbios fijos en nosotros
se tumba sobre la arena
para, agitando por postrera vez sus orejas lánguidas,
exhalar el llamado último suspiro
tan delicado que parece impropio para su cuerpo descomunal.

martes, 7 de diciembre de 2010

Odradek

                                                           Alarmado, creyó ver en aquel sueño aparentemente tranquilo, en que habían terminado los lloros, comenzar a dibujarse la primera arruga en la lisa frente infantil del artista del trapecio. (Franz Kafka)

                                                                        
Yo, que como la muerte
he sido expulsado
del corazón de los hombres,
como la muerte
retorno a ellos
bajo la liviana forma de un augurio.