Tan lejano y
familiar el sueño.
Medusa de
sangre,
siseo de
algodón en el cuello, murmullo
de las hojas:
"moraste donde nosotras,
nunca te atreverás a volver".
Creo que,
verdaderamente, estuve allí.
Creo que no
quiero volver.
Creo que no
debí nacer.
Creo en algo
que a la deriva flota y me llama.
No quiero saber
mi nombre.