viernes, 4 de enero de 2013

Exvoto





Embadurnada en melaza
he aquí una cabeza
para tu marmita.
He aquí ceniza que fue seso.
Huesos que carcasa fueron.
He aquí tristeza cruda,
corazón de saliva, asadurilla.
He aquí presente sin días.
Algunos cabellos ralos,
tabas, piojos. 
He aquí un cuerpo eviscerado.

Estas son mis ofrendas.
Señor de la carroña, 
impoluta deidad alada,
hazme tuyo,
hazme olvido.

sábado, 17 de marzo de 2012

Minima moralia

 

 

Odiseo

Ayer sonrieron de nuevo, agazapadas al fondo del espejo. Mientras creen que duermo percibo sus débiles vahídos, sus garras rasgando el vidrio. Insomne, erizado el vello, continúo atado a la silla.

Produce lástima contemplar su desvarío.

Sufre. Y estamos hambrientas.

Sonreímos para animarlo. Decídete a cruzar, susurramos. Sé ecuánime. Libera tu alma, entrega tu alma, sácianos.








viernes, 17 de febrero de 2012

Plegaria por el día ido

 
 
 

Si pudiera tornarse sombra, 
del aire desapegado viajero.
Si su aliento vaho deviniera,
en el mostrador del bar
olvidado de sí
poco a poco diluirse.
Si pudiera amar a las personas
sin recordar que un día
habrá de perderlas.
Si pudiera vivir.

Buenas noches espejo. En tus lágrimas medro.
Algo nos traerá la mañana.




sábado, 3 de septiembre de 2011

Tom Tan

En la jaula trece donde nació,
mientras cabizbajo su noúmeno espulga
recordar cree lejana isla,
verdes palmeras, desvaídos arbustos tropicales,
sedoso pelaje de hembras al soslayo.
Orangután meditabundo, con mirada acuosa
tras los barrotes acuosas
siluetas silentes vislumbra.

Pobicholo vello Tom.

Pero Borneo está lejos, tal vez desvanecido,
los cocos se pudren en los mares color vino
el tumor se extiende por su pulmón
esa tos no presagia nada bueno.

Pobicholo en vías de extinción.

viernes, 15 de julio de 2011

Patmos

En el apocalipsis hace algo de fresco.

No se está mal,
pero vendría bien una rebequita.

Ocasionalmente, cierto molesto
olor a napalm
asciende desde las regiones inferiores
del continuo espaciotiempo.
Menuda fritanga.
Algo habrán hecho,
nosotros a lo nuestro.

Arañas bajo el cabello,
por los cielos serpientes aladas.
Una lechuza
contempla el silencio con ojos redondos.

Al atardecer
la mortandad decrece un rato.
Entonces, mientras Lady Macbeth llora,
todos nos lavamos las manos.

sábado, 23 de abril de 2011

Linaje de las hojas

                                                                Do come to Dunsinane"
                                                                                                                                           Macbeth
                                                                          

          
El exilio ha sosegado nuestro talante.
Descalzos abandonamos el día,
temerosos de pisar su limpio rostro.


"Partirás”, musitó la noche,
cuando el bosque y la ribera  se confundan”.
Nadie supo
si las invasiones
al ritmo del oleaje acompasadas
silentes quimeras traerían, ávida gorgona
o cenicienta hueste.
El ojo y la sien desgracia latían.
Inconscientes,
ignorando a nuestra espalda los susurros
de las ménades por septiembre conjuradas,
tras las dunas leíamos efímeros sortilegios,
contemplábamos insomnes
la huella creciente del salitre sobre la arena.
Entre los robles,
sigiloso,
el presagiado enemigo danzaba con el viento.


Remoto dormita el estío.
Mecidos por la marea,
apenas si recordamos
aquellas sombras
que otoño
arruga en nuestras casas.




sábado, 2 de abril de 2011

Sobre narvales y sirenas





            Se acercan, con la claridad, las avestruces.
Ocultan
su cabeza
entre la espuma de un mar indiferente,
bajo cuyas ondas
en sinuosas salmodias rehenes
del ámbar y la memoria
los pasadizos otean. Quizá,
si por un momento
tornaran su rostro hacia la orilla,
percibir podrían
la ronda vigilante de las orcas,
cierto dulce aroma cabe las algas muertas,
el alborozo de las gaviotas
a orgías de carroña entregadas.
Mas del tiempo los estragos
hace tiempo abandonaron.


En verdad, si alguna mañana su ritual ignoraran,
limpia de sal la mirada,
al sortilegio de la armonía inmunes,
estas aves desmembradas podrían,
con sus inexistentes manos,
acariciar
su cabellera inexistente, y decirse, casi ensimismadas,
pensativamente: qué burda existencia ésta, qué triste vida.


Parecen, no obstante, poco afectas a la reflexión.
Incapaz de imaginar sus noches,
me pregunto si sentirán pena de mis pupilas insomnes.